Un país en donde la comprensión, tolerancia, el acuerdo
mutuo sea compromiso y ley a la vez, al parecer es mucho pedir, pues ya se hizo
costumbre entre los que brindan servicios y el público que las necesita; este
hecho no nos es ajeno; abordo este tema porque estuve en estos días haciendo
algunos trámites.
Es derecho como obligación reclamar y pedir orientación y
una atención adecuada. Hoy en día la atención al cliente es algo tan básico y necesario,
escuchaba el consejo de un familiar – “debiste haberle dado su propina para que
acelere el trámite”- es esa la realidad,
hay que pagar más para que te atiendan mejor y seas considerado. Es frustrante pero nosotros somos cómplices al no decir
nada y seguirles el juego.
Políticas de atención al cliente, en donde determinen lo que
es más importante enfocándose en nuestras necesidades no de forma esporádica
sino más bien consistente, estoy seguro que algunas empresas tienen esta política,
pero sin embargo son sus empleados los que ejercen y están en contacto con los
clientes.
Existen las hojas de reclamos que uno rellena sin mucha fé
de que cambiara algo, hoy en día hay medios por los cuales reclamar, las redes
sociales, páginas web, blogs, etc. de
seguro muchos se sumaran y de eso se trata de concientizar a la gente, sin
embargo la confrontación de persona a persona es lo que me deja a mi más
satisfecho. Hay que decir lo que pensamos y creemos, el mismo hecho de
callarnos nos hace cómplices del mal
trato que recibimos.
